ISBN 978-84-935947-1-8
Puedes encontrar mas información en la web www.aleablanca.com
Comentario en el diario IDEAL:
http://venturacamacho.blogspot.com/2007/02/hay-poesa-en-el-dolor-de-los-nios.html
Reseña:
Ventura Camacho. 1975. Barcelona. Licenciado en Filología Inglesa por la
Universidad de Barcelona trabaja de educador social en Centros Abiertos, Centros
Residenciales de Menores y como profesor en una Unidad de Escolarización Compartida.
En agosto de 2005 se muda a Granada donde en la actualidad estudia un doctorado en
Literatura española e Hispanoamericana. Gana el Premio Federico García Lorca 2006
de Poesía de la Universidad de Granada con la obra De Nagasaki a Novosibirsk (en
prensa). Publica poemas en diversas revistas digitales y aparece en el segundo
número del fanzine cordobés Bar Sovia. Funda la revista digital
www.ciudadpoetica.com para la difusión de la poesía granadina y el fomento de la
lectura.
Alas de insecto inaugura la Colección de Poesía Alea Blanca con una serie de
poemas que se adentran, mediante un diálogo entre el educador y el menor, por
algunos de los aspectos más relevantes de la intervención en un centro residencial de
acción educativa. Como cita Julio Rodríguez en el prólogo “la lectura atenta le
permitirá también aproximarse a ese otro personaje, al menor dolido, asustado,
enfadado, enrabiado, pero también esperanzado y deseoso de encontrar un buen
objeto, alguien que le ayude a pensar y convencerse de que, a pesar de las
dificultades, hay cosas buenas en el interior de uno mismo que nos ayudan a seguir
adelante".
PRÓLOGO:
L’ amic Ventura ha tenido la osadía de que un servidor prologue su libro. Digo osadía porque parece que cree que puedo decir algo que, en base a mi formación como educador social y psicólogo, estoy en mejor disposición que él (que es también educador social, formado en la práctica diaria), para dar al lector unas palabras con las que introducir este libro que tengo el placer y la responsabilidad de presentar. Seguramente lo más sensato sería obviar este prólogo y pasar directamente a las palabras de Ventura.
Esta sincera modestia, característica de Ventura, se puso ya de manifiesto al poco de conocernos, pues en diversas ocasiones me comentaba sus dudas e inquietudes en relación a nuestro trabajo en un centro residencial de acción educativa (o centro de acogida como se les conoce fuera de Cataluña a las instituciones que acogen a menores en situación de riesgo social). Cabe decir que no era ese su primer contacto con los chicos “difíciles”, pues anteriormente había desarrollado una interesante tarea educativa en un barrio de la periferia de Barcelona, con características socioculturales similares a la población que conoció durante su estancia en el Centro.
Esa fue, como otras, una actitud constante en el día a día de su trabajo: el preguntarse qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, desde la visión de alguien que quiere saber y que no se conforma con respuestas simples. Su curiosidad por todo aquello que acontece al ser humano, especialmente al que está pleno proceso evolutivo, es incansable.
Pero lo que interesa al lector será, a mi modo de ver, otra cosa: como llega un personaje de lo educativo al mundo de la literatura. Al igual que el escritor, también el educador social debe hacer una mirada interior y ver qué resuena en él al contactar con el sufrimiento ajeno. Fruto del contacto diario con ese sufrimiento, el amigo Ventura comenzó a dar forma a una especie de diario, un diario de trabajo en el que, en forma de relato, este educador anotaba momentos significativos de su relación con el menor que tenía a su cargo. Eran sus “historias residenciales” como él mismo las denominaba, historias que recogían, más allá de lo anecdótico, fragmentos de la vida del centro, y con los que, a veces sin darse cuenta, Ventura miraba de ir elaborando toda aquella gama de ansiedades y emociones que el educador social enfrenta en su tarea diaria con niños y niñas que se encuentran emocionalmente carenciados. Era esta su particular forma de poner un cierto orden al caos que uno llega a sentir cuando se pone delante de otro, el menor, con la pretensión de “ayudarle”, pero sin que haya sido invitado a tal empresa. Y ya se sabe lo que pasa cuando uno se dispone a entrar en una fiesta a la que no ha sido invitado...
L’amic Ventu supo transformar esa inquietud y las dudas que se despertaban en su quehacer diario en un diario comunicativo que le ayudaba no solo a sobrellevar la tarea, sino que además, le permitía poner en palabras y de forma creativa esos mismos sentimientos y compartirlos con otros educadores que, como él, participaban de preocupaciones similares.
Puedo asegurar que su estancia en el Centro fue una época que los que le todavía seguimos allí, recordamos con muchísimo afecto. Algunos de los menores que todavía están allí también le recuerdan como una persona sinceramente preocupada por ellos, reconociendo que, a veces, no pudieron tratarle como él justamente se merecía. Pero ya se sabe que nuestra “materia” de trabajo, los menores que han sufrido experiencias de carencia afectiva y abandono, son muy sensibles (a pesar de la aparente frialdad o indiferencia con que pueden llegar a manejarse en la relación con otra persona), y a veces se conducen bajo la aparente paradoja de querer destruir aquello que más necesitan. Creo que Ventura supo captar esta aparente contradicción y puso todo su saber hacer en acompañar a estos chicos y chicas durante el tiempo que trabajó allí.
Espero que el lector sepa apreciar la calidad personal del amic Ventu, de forma que le permita entender qué se cuece en el interior de una persona que decide dedicar parte de su tiempo a cuidar a otros que no le van a poner el camino fácil. Aunque quedarse aquí sería ver solo media película. La lectura atenta le permitirá también aproximarse a ese otro personaje, al menor dolido, asustado, enfadado, enrabiado, pero también esperanzado y deseoso de encontrar un buen objeto, alguien que le ayude a pensar y convencerse de que, a pesar de las dificultades, hay cosas buenas en el interior de uno mismo que nos ayudan a seguir adelante.¡La lectura vale la pena!
Si estás más interesado en el libro puedes contactar con el autor en: venturacamacho@gmail.com
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